La coprofagia es la conducta por la cual un perro ingiere sus propias heces o las de otros animales. Aunque resulta desagradable para los humanos, no siempre es un signo de un problema grave; en algunos casos tiene un trasfondo natural. Sin embargo, cuando este comportamiento es frecuente o compulsivo conviene investigarlo y corregirlo.
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¿Por qué mi perro come heces?
Los motivos son variados y combinan factores naturales, nutricionales y de conducta:
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Exploración e instinto: los cachorros exploran el mundo con la boca y pueden desarrollar coprofagia al descubrir nuevos entornos.
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Déficits nutricionales: una dieta desequilibrada lleva al perro a buscar nutrientes adicionales en lugares poco habituales.
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Problemas digestivos: perros con mala absorción intestinal sienten que no procesan bien su comida.
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Aburrimiento o estrés: la falta de estimulación física y mental puede provocar esta conducta como forma de ocupar su tiempo.
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Imitación: al observar a otros perros comer heces, algunos animales reproducen la conducta.
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Ansiedad o limpieza: en ocasiones está relacionada con la ansiedad o el deseo de limpiar el entorno.
Tipos de coprofagia
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Autocoprofagia: el perro consume sus propias heces.
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Alocoprofagia: come heces de otros animales.
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Interespecífica: ingiere excrementos de otras especies.
¿Es peligrosa la coprofagia?
Cuando un perro ingiere heces, puede ingerir parásitos, bacterias u otros patógenos. Esto incrementa el riesgo de enfermedades y trastornos digestivos. Si la conducta es excesiva, se recomienda consultar al veterinario y descartar problemas de salud subyacentes.
Alimentos que ayudan a reducir la coprofagia
Algunos alimentos modifican el sabor u olor de las heces y mejoran la digestión, ayudando a que el perro pierda interés en ellas. Siempre deben introducirse gradualmente y con supervisión veterinaria:
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Piña fresca: contiene bromelina, enzima que mejora la digestión de proteínas y cambia el sabor de las heces.
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Zanahoria cruda: rica en fibra y betacarotenos, regula el tránsito intestinal y mejora la flora intestinal.
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Espinaca cocida: aporta fibra y minerales; puede cambiar el olor de las heces.
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Manzana sin semillas: fuente de pectina, mejora la digestión y el equilibrio intestinal.
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Kéfir o yogur natural sin azúcar: probióticos que ayudan a regular la digestión.
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Perejil picado: por su clorofila y antioxidantes favorece la salud digestiva y mejora el aliento.
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Huevo cocido: proteína de alta calidad que compensa carencias dietéticas.
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Calabaza cocida: fibra soluble e insoluble que mejora el tránsito intestinal y la textura de las heces.
Estrategias de manejo conductual
Control del entorno y supervisión
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Limpia rápidamente las heces para evitar que el perro tenga acceso a ellas y mantén el área de juego limpia.
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Durante los paseos, vigila al perro constantemente y anticípate a situaciones de riesgo.
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Usa una correa corta en zonas públicas para mantenerlo cerca y evitar que coma excrementos.
Órdenes firmes y refuerzo positivo
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Enseña una orden específica para que suelte las heces y usa un tono firme y consistente.
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Rechaza el comportamiento con movimientos bruscos o distracciones; evita castigos físicos o gritos porque generan ansiedad.
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Premia al perro cuando ignore las heces y ofrécele juguetes interactivos para mantener su mente ocupada.
Ejercicio, control de impulsos y rutina estructurada
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El ejercicio regular y el enriquecimiento físico son fundamentales para reducir la coprofagia relacionada con el aburrimiento.
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Usa juguetes que requieran esfuerzo para obtener comida como estimulación mental.
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Practica ejercicios de control de impulsos (“quieto”, “ven aquí”, “no” y “coge/suelta”) para fortalecer el autocontrol.
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Establece horarios regulares de comida, paseos y descanso para disminuir el estrés y los comportamientos no deseados.
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Evita hablar demasiado durante los paseos; el exceso de órdenes puede confundir al perro.
Enfoque integral y recomendaciones finales
La coprofagia no se resuelve con un único truco. El enfoque debe ser global y combinando varios pilares:
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Alimentación equilibrada: dieta adecuada y alimentos que mejoren la digestión.
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Estructura y entorno: rutinas regulares y espacios limpios.
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Entrenamiento firme: órdenes claras, control de impulsos y refuerzo positivo.
Para ver resultados duraderos, sé constante durante semanas o meses. Consulta siempre con un veterinario o especialista en conducta canina si la coprofagia persiste y evita los castigos o gritos. Un profesional podrá descartar enfermedades, adaptar la dieta y diseñar un plan de educación a medida.
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